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miércoles, 24 de mayo de 2017

"La vie en rose"

"La vie en rose" ha sonado en la sala de forma inesperada y un centenar de ojos atónitos recorrían la mirada de una Edith Piaf triste y desconocida para ellos que solo saben de rap y aún sonríen a todo. Ella ha llegado a regalarnos un trocito del París antiguo con el que aprendí a soñar. Ha venido entre el olor de azahar y peje de este mes de mayo y nos ha regalado el devenir de una niña de ojos negros atravesando sola callejuelas y avenidas inhóspitas aprendiendo a decir"Je t´aime" a la luz de la luna. El mismo devenir que une a quienes vamos vagando por el mundo en busca de un lugar para quedarnos. Los mismos, que aprendimos con el tiempo, que ese lugar está desprovisto de Norte o de Sur, de Este u Oeste y sin embargo está lleno de nombres y vidas que amamos; personas que llamaron a nuestra puerta para compartir con nosotros un manojito de esperanza .
Hoy, una suave brisa nos trajo un " Rien de rien" tembloroso y frágil que aunaba sin saberlo el dolor y la consciencia cómplice con la inocencia y fascinación de quienes empiezan su camino.
Nada me aparta de las palabras que brotan con la magia de días como el de hoy.
Ellas se despidieron de mi temporalmente para vivir y atrapar cada instante.
Por eso aún valoro más a quienes sí sois capaces de parar y darle forma a la emoción con palabras engarzadas a vuestros días.
Hoy, mi gratitud y la de mis niños a Ana que ha querido compartir su universo con nosotros a cambio de nada y me recordó que París, la ciudad de la luz, habita en sus ojos y en su voz única y prodigiosa que ha despertado mis palabras.

Imagen tomada de Devianart

domingo, 2 de abril de 2017

Otras primaveras

Crecimos a la sombra de unos salmos que aprendimos sin sentir, cuando todo era bueno y la vida lamía los churretes de chocolate en los labios de niño que aún no sabían mentir.
Eran primaveras que agitaban nuestros sueños y pasaban su mano por el pelo para que no cupiera ni una sola pregunta en sus noches, salvo el olor de los primeros almendros.
Era subir y bajar peldaños con destreza, atravesar puertas y jugar a morir.
Era el olor a paja mojada y la inminente llegada al mundo de la gata okupa que viviría en el tejado para siempre.
Era la voz en off de quienes en la distancia te mandaban cartas para corroborar su propia existencia y mi entusiasmo.
Eran aquellas otras primaveras,sin las cuales no se habrían forjado mis sueños de hoy aunque aún hoy siga buscando salmos en los que creer.

                                               
                                                             Foto tomada de Devianart