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martes, 8 de diciembre de 2015

Regresar

Entornó el corazón  y trató de escuchar el crepitar de los últimos leños bajo sus pies.
No reconoció la tierra que un día le regaló amapolas y la vio huir calle arriba entre la nieve.
Pero supo que solo allí encontraría el milagro de la vida y podría encontrarse de nuevo con la niña que quemaba por dentro.
Como en el sueño de un poema ya lejano, lejos de todo, abrió sus piernas a la tierra y abrazó su herida.
Rozó con la yema de sus dedos minúsculos los últimos hilos de agua que un día brotaron. Llevó a sus labios la sal del mar que languidecía a unos metros de su cuerpo y que cubría todo de silencio.
Y entonces supo que debía volver por allí más a menudo para aprender a desplegar sus alas y sentir el escalofrío del beso sin distancias.
Siempre fue la tierra la razón más poderosa para regresar a su corazón en llamas.