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jueves, 15 de octubre de 2015

La Caridad en sombras

“Después vinieron otras muchas noches y tardes y mañanas y madrugadas y horas perdidas a medio camino que tengo la impresión, no pertenecían a ningún día y otros descampados en los que aparcar el coche y dar rienda suelta al instinto y al sentido y habitaciones de hotel y cuartuchos de pensiones y nuestros propios dormitorios, cuando la oportunidad los hizo propicios, y portales y bancos del parque y rincones en penumbra y garajes oscuros y caminos perdidos y lugares inimaginables y aparentemente inservibles que, gracias a nosotros, dignificaron su condición y el amor fue cabalgando de un cuerpo a otro, pisoteando y llenando de huellas y cicatrices cada centímetro de la piel amada, deseada, poseída y finalmente perdida, porque aquel galope se fue pausando y convirtiendo en trote leve y dejaron de marcarse esas huellas porque ya pasábamos de puntillas por el cuerpo que de jardín en que habíamos jugado, parecía haberse convertido en prisión que ataba lo que hasta entonces había sido puro desatino.”

Más allá del amor, "La Caridad en sombras" nos muestra una prosa impecable, una historia apasionante y un mundo lleno de matices que a nadie deja indiferente.Toda una filosofía envuelta en una trama y unos personajes que más allá de las sombras, seducen al lector desde el principio hasta un final sorprendente y cargado de una lírica que la hacen memorable.
Rafael Mérida Juan ya nos sorprendió en su momento con su poemario "La Memoria de tu olvido" y ahora vuelve a hacerlo con una novela en la que nos convence de la cercanía entre poesía y narrativa y a través de ellas nos hace cuestionar ese abismo de la vida del ser humano en el que nada es lo que parece.







jueves, 1 de octubre de 2015

Mariposas

Nunca pensé que en aquellas tardes de siega residiría mi fortaleza de hoy.
Tampoco imaginé que aquel páramo donde mordía el silencio de los días nevados forjaría un vientre lleno de mariposas y dudas en los bolsillos.
Y es así que el corazón se me fue haciendo clandestino y abandoné a ambos lados del camino los recuerdos inútiles que me alejaban de quien soy.
He aprendido a jugar con la memoria y hacer que se desvanezca como los castillos de arena que las olas se empeñan en borrar, amasarla con la calma de un alfarero cuya obra solo depende de la pericia de sus manos.
Mis días se llenan de nuevo con ojos ávidos de sonrisas y el pulso calmo de las horas; de pozos sin fondo y estrellas que persiguen mi sombra para acariciar lo que soy.
Ellas me ponen a salvo constantemente de los días sin luz y el sonido incesante de los trenes y los miles de pies huyendo de las balas que aniquilan los sueños.

Sigo siendo  y estando en medio del dolor del caos o la belleza del otoño que se presiente, en el centro de la vida.

Erato


Imagen tomada de deviantart