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jueves, 17 de julio de 2014

Redes

No podría ser otro lugar sino éste el que viniera  a rescatarme entre tantas guerras absurdas y tanto frío inesperado. Miro a lo lejos este amanecer dorado, lleno de asombros y suspiros y siento mi corazón, como lo que siempre fue, un pez de mar ancho que baila al son de los barcos. Puedo ver y sentir también a lo lejos las voces de quienes amaron desde siempre la vida y con dignidad decidieron irse a tiempo de tanto horror ajeno.
Aquí, justo en este lugar, no tengo nada y lo tengo todo, mis pasos firmes en la arena y unas huellas, junto a las de otros muchos, que borra el vaivén constante de las olas. Un faro que ilumina mis noches, el vuelo de los flamencos mientras cae la tarde y ese centro del mar donde residen todos los misterios y mueren los olvidos.
Sí, es aquí donde cobran más sentido las palabras de Blas de Otero cuando decía que "la poesía es la voz de quien se sabe vivo y mortal", donde las noches y el mundo de Javier Egea puedo sentirlo como propio y se me pega a la piel como la sal de este mar que me vino a buscar en el momento exacto en que yo lo llamé y él supo escucharme. Tal vez ahora entienda mejor su búsqueda y por qué se gestó aquí su

TROPPO MARE

IV

Es así que otras aguas se presienten
azules, más allá, volviendo El Cabo,
y en los acantilados amanecen
palomas y zureos,
sirenas nuevas,
que desde el farallón de la esperanza
pueblan el aire.

Sobre el puente los hombres aparejan.
De espaldas a la Isleta
promete el horizonte con la luz
lisas y pargos.

Pero es tarde en la orilla.
Los escollos
amurallan los últimos deseos
y es tarde en la Bahía para el que yace y sueña,
para el que se quedó del lado de la piedra.

Aquí, de tanto mar, de tanto cielo,
tanta espalda alejándose,
se han extraviado los ojos y las manos
y sólo huele a pueblo vacío con el alba,
a ruinas de arena,
a luz deshabitada.

La Nube permanece.
Las palabras
sobran ahora que el dolor levita,
orza a estribor y pasa.
Es tarde y en tu espalda florecen los pañuelos.

Es así que el amor, el viejo amor,
el pobre amor tan viejo, tan torpe, tan cansado,
mira hacia el mar, entorna los postigos
y se tiende y reposa.

Publicado por Erato