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jueves, 3 de abril de 2014

Veo...La vida

"A todos los niños y niñas que nunca les dejaron serlo"

Yo observaba el movimiento de sus manos al hablar. Sus manos expresaban más que todo su cuerpo mientras citaba a Aristóteles o a Sartre.
Guillermo hacía breves pausas y llevaba a sus labios un vaso de vodka que parecía no acabarse nunca.
Apenas me miraba y aún conservaba ese gesto antiguo que yo adoraba, el de enlazar su dedo al mío mientras quedaba ensimismado en un vacío extraño que yo intentaba visualizar de forma inútil.
Como un ritual lleno de magia, el 3 de abril de cada año solíamos quedar, para celebrar de alguna manera, aquella remota mañana de lluvia intensa, en la que a Guillermo se le nublaron los ojos de interrogantes y las manos de dos mujeres desconocidas cogieron las suyas, con ternura aprendida en un manual,para conducirlo no sabía muy bien a donde. Aquel día se quedó pegado como el almizcle al calendario y a su corazón. Acababa de nacer sin saberlo.
A mi, que ya me temblaba el pulso y el final de mis días no estaba muy lejano, me seguía entusiasmando el ritmo de sus pasos en la casa cuando me venía a buscar.
Bastón en mano, paseábamos en silencio por la calle Mayor y desembocábamos siempre en "El gato negro", donde pasábamos el resto de la tarde hablando del amor y la miseria, del tiempo, la economía ,de su pasión por la filosofía. Pero jamás el pasado se interpuso entre mi café y su copa de vodka.
Tal vez por eso Guillermo evitaba mirarme a los ojos, porque era fácil ver en ellos los restos de aquellas arañas que habían tejido con el tiempo y con escrupuloso mimo, huellas imborrables.
Yo le dejaba escapar a su vacío y dejábamos transcurrir las horas con nuestros dedos entrelazados, viendo la cara del hombre niño en que se había convertido y que me hacía sentir tan orgullosa.
Solo así recordábamos, en silencio, aquella mañana lluviosa de abril, en la que los dos pudimos creer que la vida puede comenzar a los ocho años o a cualquier edad, en la que alguien con ojos tristes se cruza en tu camino y te rescata para siempre.


                                                         Imagen tomada de Deviantart