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martes, 11 de marzo de 2014

Veo veo...

Apenas habían transcurrido unos minutos y una luz mortecina ocupaba la tarde.
Se incorporó y no vio a nadie.No escuchó más que un silencio demoledor, en una habitación que se parecía cada vez más a una de esas casas desvencijadas y solitarias que alguna vez vio en las películas.
Se incorporó en la cama y flexionó sus piernas apretándolas contra el pecho para esconder su dolor.
Miró hacia la ventana. Nadie tampoco a lo lejos.
En su postura de pájaro inmóvil, con la mirada fija en el cristal que solo dejaba traspasar la nada, se deslizaron las horas lentamente.
El crujir de una puerta le devolvió a la realidad de forma brusca.
Había llegado la noche sin enterarse y un vaho entrecortado y jadeante acarició su nuca.
Expectante, encogió aún más su pequeño cuerpo y dejó de respirar por segundos.
Sabía que una vez más, sería una larga noche que no entendería su piel.




                                                          Imagen tomada de Deviantart

5 comentarios:

  1. Larga noche de luz y de sombras... pero hay una luz, una luz que fulge en el pecho de sombras.

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  2. Noches largas, estancias demasiado vacías cuando han estado llenas de hermosos latidos, ausencia y búsqueda que deben desembocar en encuentro. Precioso texto, como siempre.

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  3. A veces las sombras son tan grandes, Nuria que impiden dejar pasar la luz. Pero soy de las que creen que siempre hay una rendija con nombres propios por la que se cuela un pequeño rayo capaz de lo mejor.Abrazo, hermosa

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  4. Cualquier momento se llena de luz cuando bullen las ganas y la fe en lo que se hace por encima de cualquier sombra,Rafael Mérida.

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  5. Muy profundo tu tema Erato, y muy bien manejado.
    Las personas que nos conocen bien nos pueden ayudar a descubrir nuestras facetas más oscuras. Sin embargo, no parecemos estar dispuestos a escuchar; resulta menos peligroso escuchar a un extraño, pero también menos provechoso.
    Un abrazo

    ( elcomentario que borré no me había gustado, y creo que a ti tampoco)

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