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domingo, 14 de diciembre de 2014

Silencios

Transcurren las horas y alargo mi mano fría hasta las estrellas.
Sé que existo porque, en la oscuridad, tiritan unos ojos que no hablan frente a la inmensidad de este silencio.
No fue casual que el silencio atrapara mi sombra. Los más apasionantes descubrimientos los hice a través del silencio. Tal vez porque es ahí, en ese espacio, en el que puedo escuchar el eco de una voz a la que ignoro entre el ruido de cada día.
No, no he muerto aún. Estoy más viva que nunca y aprendo a llorar para adentro y a perderme por senderos inexplorados.
Tal vez ya lo dije todo y se acabaron las palabras. O solo tal vez sea que nacen pájaros donde antes latían verbos ahora en desuso.
De cualquier manera, solo él y yo lo sabemos.

Publicado por Erato

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domingo, 26 de octubre de 2014

Amo...

Amo los días desordenados que me conducen a esa parte de mi que se rompe con los desahucios y la desconfianza.
Amo esta luz y estas olas que me reconcilian con la vida de verdad en la que aún me queda tanto que bucear.
Amo las confesiones que se convierten en susurro entre aguaceros imprevistos, la canción que oigo una y otra vez de forma inesperada y que ya asocio a esta arena antes de pisarla por mi misma.
Amo este envejecer de la tarde con la sabiduría de los corazones que no saben rendirse nunca, con la arruga en mi piel que se multiplica a cada instante y a la que me asomo para seguir reconociéndome.
A veces, tal vez, solo sé escribir un verbo o vislumbrar entre la niebla un nombre que parpadea a lo lejos en el faro de la esperanza, cuyos mensajes no siempre sé descifrar y me atraen con olor salvaje de luna creciente.
Amo esta secreta costumbre de inventar besos con mi lengua y olvidar por un instante el temblor de esta tierra convulsa y masacrada por la avaricia de unos pocos y el dolor infinito de tantos muchos, aunque no siempre lo consiga.
Amo este acantilado de locura y vértigo del que me descuelgo en la madrugada para seguir creyendo en los sueños sin dejar de mirar el camino recorrido y mis pies bien pegados a la tierra.
Este vivir así, tan de este modo, tan distinto y tan igual al de todos...
Publicado por Erato



                                                            Imagen tomada de Devianart

domingo, 7 de septiembre de 2014

Huecos en la orilla

Grita el cielo de esta noche de tanta calle cansada y tanta espera.
Sé que estoy en la otra orilla, lejos de la piedra y del abrazo constante de sus noches, de aquellos otros ríos que supieron de mi y los rescoldos del último fuego.
Hay un hueco en mi costado por el que se cuelan otros otoños, con majestuosas fachadas y manos furtivas entrelazadas, las mismas manos que aprendieron a decirse adiós, aquellas otras luces que nunca vi morir en noviembre...
Mi corazón sigue siendo ese equipaje sin deshacer y que el mar me devuelve hoy en la arena una y otra vez junto a mil preguntas sin respuesta; cubriendo de óxido los caminos que aún me quedan por recorrer.
Feliz y abatida, me declaro en paz conmigo misma,en apenas unos instantes, la paz que me debía para creer de nuevo en la firmeza de mis pasos y la brújula que guardo bajo mi falda.
Septiembre se acerca de nuevo y yo solo quiero trepar hacia él y dejarme acariciar sin prisas ni nostalgias.
Publicado por Erato

                                                       Imagen tomada de DeviantArt

jueves, 17 de julio de 2014

Redes

No podría ser otro lugar sino éste el que viniera  a rescatarme entre tantas guerras absurdas y tanto frío inesperado. Miro a lo lejos este amanecer dorado, lleno de asombros y suspiros y siento mi corazón, como lo que siempre fue, un pez de mar ancho que baila al son de los barcos. Puedo ver y sentir también a lo lejos las voces de quienes amaron desde siempre la vida y con dignidad decidieron irse a tiempo de tanto horror ajeno.
Aquí, justo en este lugar, no tengo nada y lo tengo todo, mis pasos firmes en la arena y unas huellas, junto a las de otros muchos, que borra el vaivén constante de las olas. Un faro que ilumina mis noches, el vuelo de los flamencos mientras cae la tarde y ese centro del mar donde residen todos los misterios y mueren los olvidos.
Sí, es aquí donde cobran más sentido las palabras de Blas de Otero cuando decía que "la poesía es la voz de quien se sabe vivo y mortal", donde las noches y el mundo de Javier Egea puedo sentirlo como propio y se me pega a la piel como la sal de este mar que me vino a buscar en el momento exacto en que yo lo llamé y él supo escucharme. Tal vez ahora entienda mejor su búsqueda y por qué se gestó aquí su

TROPPO MARE

IV

Es así que otras aguas se presienten
azules, más allá, volviendo El Cabo,
y en los acantilados amanecen
palomas y zureos,
sirenas nuevas,
que desde el farallón de la esperanza
pueblan el aire.

Sobre el puente los hombres aparejan.
De espaldas a la Isleta
promete el horizonte con la luz
lisas y pargos.

Pero es tarde en la orilla.
Los escollos
amurallan los últimos deseos
y es tarde en la Bahía para el que yace y sueña,
para el que se quedó del lado de la piedra.

Aquí, de tanto mar, de tanto cielo,
tanta espalda alejándose,
se han extraviado los ojos y las manos
y sólo huele a pueblo vacío con el alba,
a ruinas de arena,
a luz deshabitada.

La Nube permanece.
Las palabras
sobran ahora que el dolor levita,
orza a estribor y pasa.
Es tarde y en tu espalda florecen los pañuelos.

Es así que el amor, el viejo amor,
el pobre amor tan viejo, tan torpe, tan cansado,
mira hacia el mar, entorna los postigos
y se tiende y reposa.

Publicado por Erato




viernes, 9 de mayo de 2014

Palabras

Si digo amor
el dios del agua bucea en mi vientre
hasta encontrar la huella de un beso.

Si digo tiempo
el cascabel de la tristeza alborota la garganta
de las mujeres que se fueron con paso firme.

Si digo piel
todas las farolas del mundo iluminan la estancia vacía
con marionetas que hablan a deshoras.

Si digo palabras
saco del bolsillo: traición, gris, egoísmo... Y las echo al mar
donde las caracolas guardan la nostalgia bordada con los años.

Cuando digo amor
tiempo, piel y
palabras
veo mi cara reflejada en mil gotas de sueños
y me reconozco:
Soy yo.
Estoy viva.



jueves, 3 de abril de 2014

Veo...La vida

"A todos los niños y niñas que nunca les dejaron serlo"

Yo observaba el movimiento de sus manos al hablar. Sus manos expresaban más que todo su cuerpo mientras citaba a Aristóteles o a Sartre.
Guillermo hacía breves pausas y llevaba a sus labios un vaso de vodka que parecía no acabarse nunca.
Apenas me miraba y aún conservaba ese gesto antiguo que yo adoraba, el de enlazar su dedo al mío mientras quedaba ensimismado en un vacío extraño que yo intentaba visualizar de forma inútil.
Como un ritual lleno de magia, el 3 de abril de cada año solíamos quedar, para celebrar de alguna manera, aquella remota mañana de lluvia intensa, en la que a Guillermo se le nublaron los ojos de interrogantes y las manos de dos mujeres desconocidas cogieron las suyas, con ternura aprendida en un manual,para conducirlo no sabía muy bien a donde. Aquel día se quedó pegado como el almizcle al calendario y a su corazón. Acababa de nacer sin saberlo.
A mi, que ya me temblaba el pulso y el final de mis días no estaba muy lejano, me seguía entusiasmando el ritmo de sus pasos en la casa cuando me venía a buscar.
Bastón en mano, paseábamos en silencio por la calle Mayor y desembocábamos siempre en "El gato negro", donde pasábamos el resto de la tarde hablando del amor y la miseria, del tiempo, la economía ,de su pasión por la filosofía. Pero jamás el pasado se interpuso entre mi café y su copa de vodka.
Tal vez por eso Guillermo evitaba mirarme a los ojos, porque era fácil ver en ellos los restos de aquellas arañas que habían tejido con el tiempo y con escrupuloso mimo, huellas imborrables.
Yo le dejaba escapar a su vacío y dejábamos transcurrir las horas con nuestros dedos entrelazados, viendo la cara del hombre niño en que se había convertido y que me hacía sentir tan orgullosa.
Solo así recordábamos, en silencio, aquella mañana lluviosa de abril, en la que los dos pudimos creer que la vida puede comenzar a los ocho años o a cualquier edad, en la que alguien con ojos tristes se cruza en tu camino y te rescata para siempre.


                                                         Imagen tomada de Deviantart

domingo, 23 de marzo de 2014

...Telas de araña

Odiaba aquel aliento en su nuca, el olor único e irrepetible que la naturaleza se encarga de unir de por vida a machos y hembras con su camada y que podría reconocer con los ojos tapados entre una multitud.
Esa noche cenarían pizza, su comida favorita de entre todas. Nada más fácil para Guillermo que pedir en cada momento lo que le apetecía porque le habían enseñado a construir una falsa complicidad férrea a base de silencios y que solo entendían su padre y él. Claro, que aún no entendía muy bien que aquellas demandas siempre concedidas tendrían un precio muy alto con los años.
Era tan fácil como darle las gracias por tanto amor y atención desmedidos a través de caricias y besos furtivos a los ojos de otros, compartir ducha o cama; películas que le robaban el sueño de niño y cuyas huellas dejaban ver su cara de cansancio al día siguiente entre pupitres y libros que a Guillermo ya no le interesaban.
Durante años, alguien a quien llamaba papá, había tejido para él la mejor tela de araña con un amor extraño, dependiente y solitario. Una tela de araña en la que lejos de sentirse protegido como hijo, como hubiese correspondido, se convirtió en la peor de las trampas. Eso sí, amparado todo por una complicidad blindada y nada sospechosa para el mundo, cuyo amor filial era incuestionable.
El padre de Guillermo era, como para cada uno el suyo, el mejor padre del mundo. Una extraña mezcla entre amigo, padre, amante que nadie, salvo ellos mismos entendían.
Guillermo no había tenido hasta ahora la oportunidad de ser solo un niño, ni de saber que un padre ha de ser, ni más ni menos, que un padre. Lo demás ya vendría con los años y desde luego le correspondía a otros pero no a él.
Nada hacía presagiar que una mañana de noviembre, alguien que también entendía de silencios cómplices y caricias no confesables iba a irrumpir de forma inesperada en los insomnios de Guillermo.
Cuando abrió los ojos en aquel pupitre que le aburría soberanamente ella le miraba con sus ojos grandes y tristes. El sintió el impulso de abrazarla y salir corriendo a un tiempo.
Pero sin saber por qué no lo hizo. Tal vez estaba demasiado acostumbrado a convivir con la paradoja de quedarse esperando consuelo o huir de todo a tiempo.

                                                       Imagen tomada de Deviantart

martes, 11 de marzo de 2014

Veo veo...

Apenas habían transcurrido unos minutos y una luz mortecina ocupaba la tarde.
Se incorporó y no vio a nadie.No escuchó más que un silencio demoledor, en una habitación que se parecía cada vez más a una de esas casas desvencijadas y solitarias que alguna vez vio en las películas.
Se incorporó en la cama y flexionó sus piernas apretándolas contra el pecho para esconder su dolor.
Miró hacia la ventana. Nadie tampoco a lo lejos.
En su postura de pájaro inmóvil, con la mirada fija en el cristal que solo dejaba traspasar la nada, se deslizaron las horas lentamente.
El crujir de una puerta le devolvió a la realidad de forma brusca.
Había llegado la noche sin enterarse y un vaho entrecortado y jadeante acarició su nuca.
Expectante, encogió aún más su pequeño cuerpo y dejó de respirar por segundos.
Sabía que una vez más, sería una larga noche que no entendería su piel.




                                                          Imagen tomada de Deviantart

domingo, 16 de febrero de 2014

Silencios sin respuesta

¿Cuántas lunas le quedarán a la esperanza que inventamos en días así?
Es difícil sostener la mirada en algunos ojos, mientras escuchas clemencia en otros a lo lejos, incesantemente. Como no cesa esta lluvia de febrero, como no se cansa el primer rayo de sol esquivo que busca, sinuoso, cualquier rincón de tu cuerpo para quedarse.
-¿Por qué siempre escribes triste?- Me pregunta sin timidez alguna.
- ¿Le preguntas al mar cómo alcanzar su horizonte?- respondo yo
Se hizo un silencio de siglos y jamás volvimos sobre el tema.
La tristeza pienso, se acomoda a la palabra y el verso que barniza las heridas.
La alegría no se detiene en la palabra, no piensa o analiza, actúa. Para los relojes y se bebe a grandes tragos cualquier minuto, antes de que huya de nosotros sin haber vivido.

Y es así que nos pasamos la vida buscando razones para lo que solo puede sentirse y no tiene palabra o respuesta alguna. 
                                                      Imagen tomada de Deviantart.com

martes, 14 de enero de 2014

Te llamaré invierno

Te llamaré invierno
y oleré el rojo del vino en el recuerdo.
Nuestros párpados caerán entonces
con el ritmo pausado del amor que un día
llamamos nieve o sitio de nadie.

Te llamaré invierno
cuando el aire de febrero inunde las enredaderas y
los parques llenos de amantes,
cuando todo el silencio vencido
venga a sentarse en tu ventana donde gritaba tu nombre.

Te llamaré invierno
y huirán todas las falacias y equipajes,
el púrpura de los sueños inventados y
las murallas donde gemían los gatos
en las miserias de la noche.

Te llamaré invierno
y seguiré amando el misterio de tu calle.
El asombro de las veredas solitarias llegará
con el ritmo pausado del amor que un día
llamamos nieve o sitio de nadie.

                                                           Imagen tomada de Devianrt