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lunes, 23 de diciembre de 2013

Estos maravillosos años...

Quise bailar y danzasteis conmigo, dudé y me cogisteis de la mano para devolverme la fe perdida.
Me ofrecisteis una silla roja y palabras dulces bajo la lluvia, tardes junto al río y la confidencia insensata tras el verde de una mirada que también llevaba el agua.
Con el hilo rojo que une para siempre, supimos coser algún poema y remendamos más de una cicatriz a la luna para devolverle la sonrisa de mujer sabia.
Estáis aquí, junto a la candela y el amor de lo conocido o bajo el frío y los tranvías que suenan a lo lejos llevándose la nostalgia.
En los atardeceres morados de Granada y en las anchas llanuras donde la tierra no entiende de límites ni fronteras; cuando cojo un taxi en la madrugada y bebo a sorbos la última utopía que insistirá en volver mañana.Sois y estáis más allá de mi existencia o del tiempo que une o mata.
Lo que de verdad me importa y me hace feliz, es que no hay un solo día del año en que no me lo hagáis saber más allá de las palabras. Gracias a todos por hacer más ancha mi vida.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Músicos de nadie

Este mes de diciembre hace ocho años que Erato abrió una rendija para asomarse al mundo de Libro de Arena y empezar a susurrar palabras. Aquellos granos de arena quedaron en la orilla y me hicieron adentrarme en un mar que nada tiene de gélido. De vez en cuando, vengo con las ánforas llenas de tesoros inconfesables y me siento a descansar el alma.
Hoy, uno de los primeros textos que escribí por entonces y al que le tengo especial cariño.


Le bastan dos adoquines con historia para ocupar un pequeño lugar en el mundo de los olvidados.
Sus ojos brillan con el fuego nazarí del atardecer que tuesta su piel para confundirlo con las notas que se deslizan por sus dedos.
Él no sabe de mis pasos lejanos ni de nuestros bailes cómplices y silenciosos cuando lo miro.
Me siento donde él no pueda verme y respiro hondo el aroma del río que lo acoge.
Es entonces cuando comienza la magia e invento su historia mientras sus manos a ritmo de un vals francés reconstruye la mía. Y esos minutos a oscuras se convierten en la antesala del llanto, porque mis tristezas se postran ante él para besar su hambre. Mi nostalgia moja sus párpados cansados y mi lengua le susurra “mil gracias” al oído.
Él desconoce mis sábados a su lado y posiblemente las historias que cada uno inventamos al pasar por el puente. Pero sólo él puede hacerte sentir en la mediocridad de cualquier día, princesa en mitad de la nada y por un momento creer que el amor es tan fácil como cerrar los ojos y aspirar el aroma de un río.
Aunque él no lo sabe y por eso me gusta.



                                                         Imagen tomada de Deviantart.com