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sábado, 27 de abril de 2013

La frágil soledad de las palabras

De repente, todo lo ocupa la frágil soledad de las palabras y se instala en la tarde que gime esa dignidad del invierno que nos doblega, nos hace esquivos y sabedores de imposibles.

A veces, olvido el corazón en las plazas y alquilo bulevares a precio de mendigo, como quien desbarata el impecable orden de las cosas y regala versos heridos en cualquier banco de piedra.

¿Cuánto quedará de mi en estas calles? ¿Cuánto amor o desazón flotarán en las horas quietas que vendrán lentamente? ¿Cuánto le queda a este aire que suma y resta conjuros de meigas a la hora del té?
¿Cuántas miradas seguirán su camino apenas recordando la mía bajo el sol o los escombros?

¡Cuántos nombres y silencios! !Cuántas lunas y salas de bata blanca! ¡Cuánto albero ya untado en mi piel y en la de todos los que amo!

Pero sobre todo ¿cuál fue el momento exacto en que el tiempo se fue y mi corazón encriptado dio paso a una elegía incomprensible entre el mundo y yo?

                                                 Imagen tomada de Deviantart.com

sábado, 6 de abril de 2013

Horas de luz y amapolas

En sus brazos arribó toda la ternura y junto a ellos,
nada hacía presagiar la soledad que guardaría la carne
de tanto mar y tanta mirada erguida.

A tientas iba al encuentro
de sus domingos de Pasión y rosas rojas
y ante ellos se reclinaba mi culpa y las hojas rotas de tanta espera.

Agitaba el pañuelo con gesto contrariado
y en el aire aparecían círculos concéntricos
que bailaban al son de su sonrisa blanca.

Fue la hora de la luz y las estrellas,
la luz que derramaba olas en mi cuerpo
y entre los helechos inventaba para mi victorias.

Era el tiempo de arrojar puñados de sal al fuego
de otras noches eternas y oír crepitar las dudas
que nunca fueron historia.

Fue el momento en que se amaba a corazón descubierto,
sin armaduras ni trincheras, la hora que todo lo pudo
y vino a salvarnos del silencio rojo de las amapolas.

Fue en sus brazos el lugar exacto
donde derroté el azul frio de los espejos
y escuché una melodía de arrabal que vive en mi para siempre.


                                      Imagen tomada de Deviantart