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domingo, 13 de enero de 2013

Tanto...

Ningún lugar merece la tristeza.
Dentro de sí regresan los mismos nudos, la misma textura áspera de siglos atrás, aquellos que se incrustaron en la piel en tardes blancas de siesta irremediable.
Siento la lluvia de nuevo mojar de olvido las aceras, un par de manos entrelazadas bajo un paraguas transparente, de esos que dejan translucir los sueños. Mirándolos se me aparecen como si desde arriba, una mano nada inocente tirara de ellos dejando desnuda y sin alma a quien ha salido a explorar lo inexplorable.
A veces está bien rendirse,dejarse caer en los charcos dejando que el agua desenrede ese amasijo que durante siglos se fue tejiendo con astucia, formando un caparazón del que es difícil escapar.Demasiadas cosas aprendidas en los libros mientras nadie habla de la austeridad de un abrazo en forma de serpiente.
Nada me es ajeno en estas bocanadas de memoria que arrasan con todo.
Y enmedio de tanta lluvia, tanto olvido, tanta piel tatuada a golpe de tomillo y mar, en el centro, una voz que arrulla todas las mañanas del mundo, la que convierte la vida a veces en un soliloquio lleno de sombras por descifrar.



4 comentarios:

  1. La luz, solo la luz. Ese es y debe ser nuestro destino.

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  2. madre mia!!! como escribes!!!!!!! gracias, siempre, ae

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  3. Qué magia, que leerte es casi como si te escuchara :)
    Pues sí, tengo ganas de rendirme de una vez, sin condiciones, una rendición absoluta: mis defensas rotas, las murallas abiertas, brechas en los torreones, las armas en el suelo, sólo yo, desnudo, agradeciendo la derrota y el fin de la guerra.
    Besitos...

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