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miércoles, 29 de febrero de 2012

El murmullo del agua

Noches que se abren paso entre las sombras que a todos nos ocupan, las que se instalan en la prisa de una mirada, desnudando unos ojos que desembocan de nuevo a este lado del río inerte y silencioso.
En la estrechez del tiempo que tiembla sigo escarbando en la antesala de un mes agridulce y nuevo, sin caricias rotas ni sueños brillantes en el ombligo de este universo que se rompe en pedazos.
Todo me asombra y me estremece. Nada me es ajeno en el infiel paso de los años cuando leo nombres que hicieron historia. Nada me satisface más que escribir los días en las mejillas que conservan el entusiasmo a raudales como un fleco extraviado a punto de volar calle abajo.
Orgulloso el paso entre la hierbabuena y el azahar de un pecho que no se rinde nunca.
Un suave vaivén del agua cosquillea mis pies para convencerme de que si lanzo de nuevo alguna piedra habrá palabras por rescatar en el fondo.
Está bien regresar de vez en cuando aunque solo sea para certificar la propia existencia y apostar por la música que llegó sin previo aviso. Merece la pena escuchar los primeros pájaros que, como aquellos otros de madrugada, traerán hazañas nuevas para regalar en los recodos de un río que sin ser mio ya no sabría perder su identidad.


martes, 7 de febrero de 2012

Travesías

A veces, cuando la agonía duerme en el desván con los ojos vendados
puedo escuchar el arrullo de esta ciudad dorada, que llega hasta mi, sinuosa y provocadora, ofreciendo sus jadeos en el hueco de la escalera del último sueño evocado.
En la estancia vacía, una polvareda de voces blancas roban el frío de la duda
que duerme engarzada en cualquier esquina de las calles con nombre de poeta
¿Cuántas veces caí? ¿Dos, tres...?
¿Cuántas me levanté? Una, dos, tres...
Una por cada violeta robada para mi y los que se fueron.
Dos, por cada palmo de tierra mojada y recorrida de norte a sur, de este a oeste.
Tres cada vez que las promesas se diluyeron deshilachadas y absurdas río abajo.
Una tez blanca merodea el tiempo y la espuma del instante que me vive.
Es lo único que poseo y podré perder cuando me vaya de estos días soberbios y felices.
Este presente dulce e ineludible que llega para frotarse con mis pies y el placer de avanzar por el camino elegido.
Solo el rumor del agua suena ahora en espiral rodeando el corazón y mis batallas rojas.
Nunca sentí con tanta lucidez cómo el "pasado"es el eco que a todos nos ocupó un día y ya no existe, cómo el "futuro", apenas son seis letras sazonadas con un puñado de sueños o quimeras que aún no poseemos.
Por suerte, en mi "presente"conviven luciérnagas y mariposas, tranvías y vagamundos, vinos y letras por compartir y un laberinto finito y bien delineado, donde muchos seguimos amando las cometas y los barcos que, con marejada o en calma, siguen volando y navegando sin cesar.