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sábado, 15 de octubre de 2011

Sueños de rojo y quimeras

Tras el presunto desorden de las nubes busco las voces que calman este irse a pique del mundo loco y hostil.
Aún cuando me hago invisible, el olvido sigue pareciéndome algo opaco y estéril y queda suspendida en el aire una melodía antigua que salva o condena.
Sobre los escombros o el desencanto, por suerte, se gesta la esperanza de los cuerpos líquidos que saben balancearse en los trapecios, cuerpos obligados al peaje pero que saben hacernos creer de nuevo que las cosas pueden ser distintas a como las han diseñado unos pocos, que hay otros mares posibles.
A veces me gasto en los sueños de cafés con cigarillo y quimeras improvisadas con sabor a vodka, sueños de auditorios vacíos y el clamor de miles de personas bajo los paraguas rojos y la lluvia fina que renueva las ganas y la lucha compartida.

Otras muchas, es suficiente traspasar el deseo translúcido y atracar con dignidad en el lugar donde se está dispuesto a morir, junto al aliento persuasivo que enloquece, junto a las manos que escriben la historia de forma diferente y honesta, sin lenguajes extraños por descifrar, sin telegramas polvorientos que languidecen en cajones con corazones irreconciliables.
Todas estas cosas vienen a rondarme esta mañana en la que por primera vez me ha parecido sentir el otoño y cuyo aire se llenará de plegarias y gritos al unísono en unas pocas horas.


sábado, 8 de octubre de 2011

Días

Hay días en los que se guardan las llaves oxidadas en la garganta donde las arañas tejen silencios sin destino.
Días en los que la lava se derrama por los mercados de flores y los embarcaderos solitarios.
Hay días en los que la rutina engulle las mejores intenciones y el incesante bullicio del pensamiento nos aleja de quienes somos para vestirnos con los sueños de otros.
Días que cosen las pupilas enrojecidas de quienes detestan el mundo de sainete y cascabel donde se construyen muros infranqueables con grafitis invisibles a los poderosos.
Hay horas, minutos y segundos de días con heridas de perro y tibias angustias de pájaro que se cuelan en las copas vacías y las fronteras de las camas cueva.
Y entre todos esos días, como una ráfaga de viento inesperada, inventamos el remanso de alguna noche fugaz que nos traiga escamas nuevas para los pies cansados; alguna noche oscura con alma que ponga un nenúfar en nuestra boca sellada, algún sueño sin tiempo ni espera que nos ayude a cruzar de nuevo las aceras de la injusticia y el hielo que vendrá mañana.