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lunes, 15 de agosto de 2011

Cambios


Me llevo conmigo el olor de las alamedas y los últimos cielos anaranjados de las montañas que me hicieron libre y me enseñaron a buscar.
Cielos que nada y todo lo pudieron, que impregnaron mis hojas en blanco de melancolía y supieron regalarme a través del aire miradas y manos en la que creer, más dulces y menos oscuras que el mundo.
Bajo la nieve que vendrá, quedan enterrados los secretos del hambre y la injusticia con los que me enfadé sin descanso hasta bien entrada la madrugada, para escuchar silencios roncos y profundos por respuesta.
Soy de aquí y de allá, de las ciudades tristes y de los nuevos puentes colgantes que atravesaré en breve. Seguiré buscando acantilados desde los que saltar al vacío para sentir que la vida es eso, cambio y movimiento, espirales infinitas, en las que a pesar del vértigo, merece la pena perderse y apasionarse por lo que dictan los corazones alborotados.

Me llevo para siempre esta luna de agosto con todos los nombres que amo y que quedó colgada en mi calendario hace ya muchos inviernos.

Otra luz me espera más allá de unos ojos, de otras manos que me buscaban en los pasillos de la desesperanza o el olvido.
Prestaré mis dedos para seguir enumerando sueños de barro y me dejaré seducir por la brújula enloquecida del tiempo que ha elegido mi nombre para vivirme.

Sé que debo muchas letras por estas aguas y detrás de ellas.
En su busca voy, tras las metáforas que perdí y las que seguiré encontrando por los nuevos caminos.
Este espacio me seguirá acompañando y viviré letras para seguir compartiendo.