Todos los textos de este Blog se encuentran registrados en el Registro de la Propiedad Intelectual. Reservados todos los derechos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Ruido, nueces y cuentos previsibles


Volveré con la cara sucia y el pelo enredado a sus ganas.
Regresaré preguntándome si en las caracolas que habitan los mares del sur suenan los mismos quejíos cuando anochece; si el dolor y la dicha de cuantos habitamos este planeta se parecen entre sí.
Seguirán desfilando diciembres por las caras de los niños con churretes de espanto y caramelos inventados.
Mientras, el frío arrecia y busco el olor de la hierba para reconocerme en estos días ásperos y solemnes.
Nunca se me dio bien seguir la estela del ruido y las nueces, ni anclar los pies en la misma tierra o diseñar sonrisas de plástico entre luces y poses intermitentes.
Seguiré eligiendo el temblor de los remos compartidos, la caricia transparente de quienes llegan y se me instalan en las manos, en la complicidad del grito y el amor del medio día.
Seguiré buscando diciembres sin ausencias de cristal ni cuentos con finales previsibles.
Es hora de doblar las metáforas y continuar haciendo equipajes.
Eso sí, se me podrá encontrar siempre en las horas violeta de los charcos deshabitados.




miércoles, 16 de noviembre de 2011

Olvido con olor a tango

No recuerdo cuando su voz empezó a morir sobre mis hombros desnudos.
Sé que bajo su brazo izquierdo  trajo una alforja de premeditadas quimeras, un teléfono que sonaba dos veces por semana y un barrio sucio de pobreza escrito en la mirada.
Nunca más supe de bares cerrados ni de naufragios con distancia.
Era una rabia antigua disfrazada de silencios y sabias destrezas.
Su voz buscaba mi piel mientras yo desplegaba banderas blancas y gastaba medias carmesí los lunes por la mañana.
Derramaba en mi vientre palomas que salpicaban los mapas y... la palabra África se convertía en mañanas con olor a tango y flor marchita. Las dejaba entre mis piernas junto a un par de teteras sin té y desaparecía entre la escarcha y los cantos del gallo que nunca llegué a conocer.
Junto a las palomas, palabras con forma de poema sin vértigo que lamían el mismo mar de todos los veranos.
Muchas veces, el recuerdo inquieto de sus palabras alborotan sueños bajo las sábanas y zarandean las leyes sin precio ni aduanas. Palabras que despiertan a todos los otoños que se parecen a mi e importunan la quietud del tiempo que transcurre sin olvido.
Llega solo y sin llamarlo, junto a su alforja con premeditadas quimeras y se queda a degustar la tarde en las risas y viejas tristezas de niña desolada a punto de partir.
En noviembre, su recuerdo me sorprende por la espalda, me toma con cierto candor por la cintura y me lleva hasta la ventana para mostrarme sin miedo ni disimulo el mundo del que huyen mis pestañas tantas veces derrotadas.







sábado, 15 de octubre de 2011

Sueños de rojo y quimeras

Tras el presunto desorden de las nubes busco las voces que calman este irse a pique del mundo loco y hostil.
Aún cuando me hago invisible, el olvido sigue pareciéndome algo opaco y estéril y queda suspendida en el aire una melodía antigua que salva o condena.
Sobre los escombros o el desencanto, por suerte, se gesta la esperanza de los cuerpos líquidos que saben balancearse en los trapecios, cuerpos obligados al peaje pero que saben hacernos creer de nuevo que las cosas pueden ser distintas a como las han diseñado unos pocos, que hay otros mares posibles.
A veces me gasto en los sueños de cafés con cigarillo y quimeras improvisadas con sabor a vodka, sueños de auditorios vacíos y el clamor de miles de personas bajo los paraguas rojos y la lluvia fina que renueva las ganas y la lucha compartida.

Otras muchas, es suficiente traspasar el deseo translúcido y atracar con dignidad en el lugar donde se está dispuesto a morir, junto al aliento persuasivo que enloquece, junto a las manos que escriben la historia de forma diferente y honesta, sin lenguajes extraños por descifrar, sin telegramas polvorientos que languidecen en cajones con corazones irreconciliables.
Todas estas cosas vienen a rondarme esta mañana en la que por primera vez me ha parecido sentir el otoño y cuyo aire se llenará de plegarias y gritos al unísono en unas pocas horas.


sábado, 8 de octubre de 2011

Días

Hay días en los que se guardan las llaves oxidadas en la garganta donde las arañas tejen silencios sin destino.
Días en los que la lava se derrama por los mercados de flores y los embarcaderos solitarios.
Hay días en los que la rutina engulle las mejores intenciones y el incesante bullicio del pensamiento nos aleja de quienes somos para vestirnos con los sueños de otros.
Días que cosen las pupilas enrojecidas de quienes detestan el mundo de sainete y cascabel donde se construyen muros infranqueables con grafitis invisibles a los poderosos.
Hay horas, minutos y segundos de días con heridas de perro y tibias angustias de pájaro que se cuelan en las copas vacías y las fronteras de las camas cueva.
Y entre todos esos días, como una ráfaga de viento inesperada, inventamos el remanso de alguna noche fugaz que nos traiga escamas nuevas para los pies cansados; alguna noche oscura con alma que ponga un nenúfar en nuestra boca sellada, algún sueño sin tiempo ni espera que nos ayude a cruzar de nuevo las aceras de la injusticia y el hielo que vendrá mañana.



jueves, 22 de septiembre de 2011

Sonrisas que tiñen los mares del sur

"Cuando el misterio es demasiado impresionante no es posible desobedecer...
 Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es agotador para los niños tener que darles  siempre explicaciones" El Principito. Antoine de Saint-Exupéry

Hace muchos siglos, cuando aún podía hibernar en las crisálidas de las mariposas; cuando aprendí que las palabras pueden ser ánforas vacías y tortuosos laberintos sin retorno, decidí por mi misma no "dejar mi alma vagando por el mundo" y de entre todos, los elegí a ellos.
No necesité a uno ni a dos, sino a todos, porque en cada espasmo sin oxígeno o en la torpeza ineludible que a todos nos espera, habita lo imposible.
Y eso me sedujo desde el primer gesto compartido.
No hay un solo día en que mi corazón deje de navegar por sus alas rotas de espanto, por sus ojos rapaces que adelantan mucho más que una sonrisa. Sonrisa que solo unos pocos acogen sin interrogantes absurdos.
El amor no razona ni sabe de aritméticas.El amor que es de verdad, el auténtico, ocupa un espacio invisible al resto. Él llega y puede que hasta se instale para siempre.
Yo no puedo ni querría ser nunca el aire que inspiran o exhalan para aferrarse a la vida sin mascarillas.
Yo, sigo yendo de paso y de puntillas con la certeza de que en la piel de todos ellos duermen mis caricias blancas y como mucho, la curiosidad que unto en sus dedos por los libros y otras pieles suaves hasta el infinito. Esta ansia de seguir escribiendo sus nombres en el techo de mi habitación, sabiendo que algunos trazos permanecerán y otros los borrará inesperadamente cualquier ola de un mar de otoño enfurecido.
A todos ellos, que no son números ni diagnósticos equivocados, los que llegaron y los que están, los que reclaman mi presencia para guarecernos juntos de la mirada indiferente o sin escrúpulo, a María, Diego, Laura, Abederramán, Pilar o Marisina, Carlos, Alberto o Nouhaila y esa lista, que por suerte para mi, es interminable...Gracias por formar parte del escenario de mis calles y ser la lluvia que cala mi sueños y mis desvelos.
Pero sobre todo, gracias por venir a sentaros conmigo en los bancos de las plazas solitarias en la media noche.


                                          Imagen tomada de Nicoletta Ceccoli




domingo, 11 de septiembre de 2011

Septiembre

El amanecer hoy ha irrumpido antes de lo previsto.
Ninguna otra ciudad guarda como esta el rocío en el cristal de los escaparates para dibujar con el dedo sueños en zig zag.
Me levanto taciturna con la sal y el peje aún en mis caderas de mar ancho y el eco ronco del destino entre mis pechos sin dudas.
Recorro sin prisa estas callejuelas de luz sin bosque y sus plazas con olor a mandarina y piel de niño herido.
Busco, anoto los recuerdos enhebrados en la distancia y que formarán mis días del mañana remoto. Recuerdos que supieron tejerse encaramados a la alcazaba, llena de escarcha y miedo, cuando pensaba en las alondras y la muerte.
Momentos que se gestaron entre el adobe y las murallas rojas, donde se escondía la historia de esta gente de ahora y se amasaba pacientemente un amor tierno y recién hecho para mi.
Esta mañana de septiembre, el asfalto se llena de alambiques y caracolas, de Penélopes sin ojos tristes ni maletas de cartón, que ya no esperan, sino que asaltan el tiempo para vivirlo.
He llegado a mi destino. Un par de ventanas rojiblancas me miran de frente y me invitan a pasar.
Tras ellas, un espacio en blanco que tal vez inventé sin saberlo en otras vidas.
Perpleja, me abandono a la estancia sin vistas ni torreones.
Cierro los ojos y sonrío a este amanecer único que ya configura una historia inesperada entre ríos que algún día sabrán morir con dignidad en el mar.
Respiro hondo y mil preguntas acuden a mi mente, pero eso ahora no importa.
Escucho los primeros sonidos de la mañana.
El mundo parece seguir funcionando ahí afuera.
O tal vez no.






lunes, 15 de agosto de 2011

Cambios


Me llevo conmigo el olor de las alamedas y los últimos cielos anaranjados de las montañas que me hicieron libre y me enseñaron a buscar.
Cielos que nada y todo lo pudieron, que impregnaron mis hojas en blanco de melancolía y supieron regalarme a través del aire miradas y manos en la que creer, más dulces y menos oscuras que el mundo.
Bajo la nieve que vendrá, quedan enterrados los secretos del hambre y la injusticia con los que me enfadé sin descanso hasta bien entrada la madrugada, para escuchar silencios roncos y profundos por respuesta.
Soy de aquí y de allá, de las ciudades tristes y de los nuevos puentes colgantes que atravesaré en breve. Seguiré buscando acantilados desde los que saltar al vacío para sentir que la vida es eso, cambio y movimiento, espirales infinitas, en las que a pesar del vértigo, merece la pena perderse y apasionarse por lo que dictan los corazones alborotados.

Me llevo para siempre esta luna de agosto con todos los nombres que amo y que quedó colgada en mi calendario hace ya muchos inviernos.

Otra luz me espera más allá de unos ojos, de otras manos que me buscaban en los pasillos de la desesperanza o el olvido.
Prestaré mis dedos para seguir enumerando sueños de barro y me dejaré seducir por la brújula enloquecida del tiempo que ha elegido mi nombre para vivirme.

Sé que debo muchas letras por estas aguas y detrás de ellas.
En su busca voy, tras las metáforas que perdí y las que seguiré encontrando por los nuevos caminos.
Este espacio me seguirá acompañando y viviré letras para seguir compartiendo. 


sábado, 11 de junio de 2011

Hasta pronto

Erato se desliza temporalmente río abajo y sigue el curso de sus aguas a las que habéis dado vida todos con vuestras palabras o silencios.
Gracias por vuestras olas y el rumor de los días y las noches compartidas.
Seguiré pasando por vuestros espacios aprendiendo de todo y de todos.
Un abrazo.