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domingo, 27 de noviembre de 2016

Instantes sin deshacer

Grita el cielo de este día gris de tanta calle cansada y tanta espera.
Sé que estoy en la otra orilla, lejos de la piedra y del abrazo constante de sus noches, de aquellos otros ríos que supieron de mi y los rescoldos del último fuego.
Hay un hueco en mi costado por el que se cuelan otros otoños, con majestuosas fachadas y manos furtivas entrelazadas, las mismas manos que aprendieron a decirse adiós, aquellas otras luces que nunca vi morir en noviembre...
Mi corazón sigue siendo ese equipaje sin deshacer y que el mar me devuelve hoy en la arena una y otra vez junto a mil preguntas sin respuesta; cubriendo de óxido los caminos que aún me quedan por recorrer.
Feliz y abatida, me declaro en paz conmigo misma, la paz que me debía en apenas unos instantes, para creer de nuevo en la firmeza de mis pasos y la brújula que guardo bajo mi falda.
Diciembre se acerca pausado y tranquilo y yo solo quiero trepar hacia él y dejarme acariciar sin prisas ni nostalgias.



martes, 1 de noviembre de 2016

Soledad del aire

In memoriam
A  mi tío Arturo,quien me enseñó a amar la poesía y el orgullo de ser andaluz


Una soledad de agua quieta flota en el aire y
la náusea temblorosa del miedo que llora en silencio
los huesos blancos de sus manos.
Aún el corazón caliente como un romancero gitano y
entre sus labios, temblando una nana.

¡Ay, quién pudiera borrarle las ojeras a la noche!
¡Quién fuera el "Piyayo" y vivir el amor
sin llagas ni espanto!
"¡Ay, tu corazón caliente y nada más!"
como dijo el poeta atormentado.

video



domingo, 4 de septiembre de 2016

No muere...

Nunca muere quien bate sus alas rotas en el último aliento de las calles vacías,
quien puede ver en un charco más allá del olvido.

No muere quien decide ignorar a las sirenas y pasea por las terrazas vacías
reconociendo sus propios pasos vacíos en la noche.

No muere quien puede dibujar aún el recorrido de una lágrima a punto de inundar el mundo.
No puede morir jamás la boca que pide, las manos que alcanzan, la piel que muda en las callejuelas blancas del sur y el color dorado de sus tardes.

No muere quien sigue cantando con los niños del revés y se lleva como equipaje de mar a mar un bolso cargado de abismos de colores para mimar sus mejores sueños.


¡No!  No puede morir quien ama demasiado la tierra con sus ruinas y obeliscos, con  los aguaceros que la empujan hacia ella, la única razón de ser de tanta paz y tanta guerra;
quien busca sin manuales ni doctrinas, quien descubre que la vida está en cada esquina y olas sin heridas.
 No muere...

                                  Foto realizada por Maite Salcedo

domingo, 24 de enero de 2016

Corazón en pruebas

Mientras el viento sopla ahí afuera, un puñado de seres inertes rompemos las alas sin un atisbo de sol en las entrañas; sin escamas en la espalda sobre las que esperar el alba.
La vida desde aquí se convierte en un atraco a mano armada, en un desembarco de polizones donde para morir solo bastarían unos ojos llenos de horizontes y naufragios.
Esta pequeñez de heridas en espiral que huye acequia abajo, esta quemazón de los calendarios de hojas muertas y letras en mayúscula…
Y de nuevo la vertiginosa luz que nos lleva al llanto o nos engrandece, mientras pensamos más allá de nuestros propios océanos.
Al fin la noche sin perros de presa, el abrazo asimétrico que arropa, las voces que gritan un nombre desde cualquier almena de esta ciudad, esos ecos de guardarropa y corazones sin moraleja que ansían la llegada.
Y en el centro de todo,  ese "yo" recién nacido a través del miedo propio y el dolor ajeno.
En la habitación contigua, el llanto de un ser que acaba de aterrizar en el mundo me recuerda que todo está ahí afuera, que el mundo me espera de nuevo para seguir reptando espaldas salpicadas de estrellas infinitas.
¿Qué mejor señal para vivir este momento con el corazón renovado y la sonrisa bailando en el agua?


                                        Imagen tomada de Deviantart




martes, 8 de diciembre de 2015

Regresar

Entornó el corazón  y trató de escuchar el crepitar de los últimos leños bajo sus pies.
No reconoció la tierra que un día le regaló amapolas y la vio huir calle arriba entre la nieve.
Pero supo que solo allí encontraría el milagro de la vida y podría encontrarse de nuevo con la niña que quemaba por dentro.
Como en el sueño de un poema ya lejano, lejos de todo, abrió sus piernas a la tierra y abrazó su herida.
Rozó con la yema de sus dedos minúsculos los últimos hilos de agua que un día brotaron. Llevó a sus labios la sal del mar que languidecía a unos metros de su cuerpo y que cubría todo de silencio.
Y entonces supo que debía volver por allí más a menudo para aprender a desplegar sus alas y sentir el escalofrío del beso sin distancias.
Siempre fue la tierra la razón más poderosa para regresar a su corazón en llamas.




jueves, 15 de octubre de 2015

La Caridad en sombras

“Después vinieron otras muchas noches y tardes y mañanas y madrugadas y horas perdidas a medio camino que tengo la impresión, no pertenecían a ningún día y otros descampados en los que aparcar el coche y dar rienda suelta al instinto y al sentido y habitaciones de hotel y cuartuchos de pensiones y nuestros propios dormitorios, cuando la oportunidad los hizo propicios, y portales y bancos del parque y rincones en penumbra y garajes oscuros y caminos perdidos y lugares inimaginables y aparentemente inservibles que, gracias a nosotros, dignificaron su condición y el amor fue cabalgando de un cuerpo a otro, pisoteando y llenando de huellas y cicatrices cada centímetro de la piel amada, deseada, poseída y finalmente perdida, porque aquel galope se fue pausando y convirtiendo en trote leve y dejaron de marcarse esas huellas porque ya pasábamos de puntillas por el cuerpo que de jardín en que habíamos jugado, parecía haberse convertido en prisión que ataba lo que hasta entonces había sido puro desatino.”

Más allá del amor, "La Caridad en sombras" nos muestra una prosa impecable, una historia apasionante y un mundo lleno de matices que a nadie deja indiferente.Toda una filosofía envuelta en una trama y unos personajes que más allá de las sombras, seducen al lector desde el principio hasta un final sorprendente y cargado de una lírica que la hacen memorable.
Rafael Mérida Juan ya nos sorprendió en su momento con su poemario "La Memoria de tu olvido" y ahora vuelve a hacerlo con una novela en la que nos convence de la cercanía entre poesía y narrativa y a través de ellas nos hace cuestionar ese abismo de la vida del ser humano en el que nada es lo que parece.







jueves, 1 de octubre de 2015

Mariposas

Nunca pensé que en aquellas tardes de siega residiría mi fortaleza de hoy.
Tampoco imaginé que aquel páramo donde mordía el silencio de los días nevados forjaría un vientre lleno de mariposas y dudas en los bolsillos.
Y es así que el corazón se me fue haciendo clandestino y abandoné a ambos lados del camino los recuerdos inútiles que me alejaban de quien soy.
He aprendido a jugar con la memoria y hacer que se desvanezca como los castillos de arena que las olas se empeñan en borrar, amasarla con la calma de un alfarero cuya obra solo depende de la pericia de sus manos.
Mis días se llenan de nuevo con ojos ávidos de sonrisas y el pulso calmo de las horas; de pozos sin fondo y estrellas que persiguen mi sombra para acariciar lo que soy.
Ellas me ponen a salvo constantemente de los días sin luz y el sonido incesante de los trenes y los miles de pies huyendo de las balas que aniquilan los sueños.

Sigo siendo  y estando en medio del dolor del caos o la belleza del otoño que se presiente, en el centro de la vida.

Erato


Imagen tomada de deviantart

domingo, 12 de abril de 2015

Ellas y abril

Como el humo serpentea en el aire y juega en el espacio secreto del beso, los pasos de aquellas mujeres fugitivas llegaron despacio a mis días.
Ellas me enseñaron a amar el prodigio del instante que no vuelve y a desechar soledades de acero.
En la cadencia de sus pasos aprendí a alejarme de catecismos y decálogos, de enciclopedias de sabiduría ajena que en nada se parecían a nuestras vidas.
El mar, a través de sus ojos, me dejó el deseo por explorar seres que latían bajo el agua, el arte de llamar las cosas por su nombre y la importancia de visitar la locura con frecuencia para olvidarse del tiempo infructuoso dedicado a los sueños imposibles.
Ellas, fueron y seguirán siendo la ausencia inimaginable, la mano con historia sin heridas en la mía, el espejo donde recupero la serenidad perdida, la fuerza que me alienta a coger de nuevo el timón de la esperanza.
Gracias siempre por vuestro mágico mes de abril y felicidades hoy y siempre