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domingo, 24 de enero de 2016

Corazón en pruebas

Mientras el viento sopla ahí afuera, un puñado de seres inertes rompemos las alas sin un atisbo de sol en las entrañas; sin escamas en la espalda sobre las que esperar el alba.
La vida desde aquí se convierte en un atraco a mano armada, en un desembarco de polizones donde para morir solo bastarían unos ojos llenos de horizontes y naufragios.
Esta pequeñez de heridas en espiral que huye acequia abajo, esta quemazón de los calendarios de hojas muertas y letras en mayúscula…
Y de nuevo la vertiginosa luz que nos lleva al llanto o nos engrandece, mientras pensamos más allá de nuestros propios océanos.
Al fin la noche sin perros de presa, el abrazo asimétrico que arropa, las voces que gritan un nombre desde cualquier almena de esta ciudad, esos ecos de guardarropa y corazones sin moraleja que ansían la llegada.
Y en el centro de todo,  ese "yo" recién nacido a través del miedo propio y el dolor ajeno.
En la habitación contigua, el llanto de un ser que acaba de aterrizar en el mundo me recuerda que todo está ahí afuera, que el mundo me espera de nuevo para seguir reptando espaldas salpicadas de estrellas infinitas.
¿Qué mejor señal para vivir este momento con el corazón renovado y la sonrisa bailando en el agua?


                                        Imagen tomada de Deviantart




martes, 8 de diciembre de 2015

Regresar

Entornó el corazón  y trató de escuchar el crepitar de los últimos leños bajo sus pies.
No reconoció la tierra que un día le regaló amapolas y la vio huir calle arriba entre la nieve.
Pero supo que solo allí encontraría el milagro de la vida y podría encontrarse de nuevo con la niña que quemaba por dentro.
Como en el sueño de un poema ya lejano, lejos de todo, abrió sus piernas a la tierra y abrazó su herida.
Rozó con la yema de sus dedos minúsculos los últimos hilos de agua que un día brotaron. Llevó a sus labios la sal del mar que languidecía a unos metros de su cuerpo y que cubría todo de silencio.
Y entonces supo que debía volver por allí más a menudo para aprender a desplegar sus alas y sentir el escalofrío del beso sin distancias.
Siempre fue la tierra la razón más poderosa para regresar a su corazón en llamas.




jueves, 15 de octubre de 2015

La Caridad en sombras

“Después vinieron otras muchas noches y tardes y mañanas y madrugadas y horas perdidas a medio camino que tengo la impresión, no pertenecían a ningún día y otros descampados en los que aparcar el coche y dar rienda suelta al instinto y al sentido y habitaciones de hotel y cuartuchos de pensiones y nuestros propios dormitorios, cuando la oportunidad los hizo propicios, y portales y bancos del parque y rincones en penumbra y garajes oscuros y caminos perdidos y lugares inimaginables y aparentemente inservibles que, gracias a nosotros, dignificaron su condición y el amor fue cabalgando de un cuerpo a otro, pisoteando y llenando de huellas y cicatrices cada centímetro de la piel amada, deseada, poseída y finalmente perdida, porque aquel galope se fue pausando y convirtiendo en trote leve y dejaron de marcarse esas huellas porque ya pasábamos de puntillas por el cuerpo que de jardín en que habíamos jugado, parecía haberse convertido en prisión que ataba lo que hasta entonces había sido puro desatino.”

Más allá del amor, "La Caridad en sombras" nos muestra una prosa impecable, una historia apasionante y un mundo lleno de matices que a nadie deja indiferente.Toda una filosofía envuelta en una trama y unos personajes que más allá de las sombras, seducen al lector desde el principio hasta un final sorprendente y cargado de una lírica que la hacen memorable.
Rafael Mérida Juan ya nos sorprendió en su momento con su poemario "La Memoria de tu olvido" y ahora vuelve a hacerlo con una novela en la que nos convence de la cercanía entre poesía y narrativa y a través de ellas nos hace cuestionar ese abismo de la vida del ser humano en el que nada es lo que parece.







jueves, 1 de octubre de 2015

Mariposas

Nunca pensé que en aquellas tardes de siega residiría mi fortaleza de hoy.
Tampoco imaginé que aquel páramo donde mordía el silencio de los días nevados forjaría un vientre lleno de mariposas y dudas en los bolsillos.
Y es así que el corazón se me fue haciendo clandestino y abandoné a ambos lados del camino los recuerdos inútiles que me alejaban de quien soy.
He aprendido a jugar con la memoria y hacer que se desvanezca como los castillos de arena que las olas se empeñan en borrar, amasarla con la calma de un alfarero cuya obra solo depende de la pericia de sus manos.
Mis días se llenan de nuevo con ojos ávidos de sonrisas y el pulso calmo de las horas; de pozos sin fondo y estrellas que persiguen mi sombra para acariciar lo que soy.
Ellas me ponen a salvo constantemente de los días sin luz y el sonido incesante de los trenes y los miles de pies huyendo de las balas que aniquilan los sueños.

Sigo siendo  y estando en medio del dolor del caos o la belleza del otoño que se presiente, en el centro de la vida.

Erato


Imagen tomada de deviantart

domingo, 12 de abril de 2015

Ellas y abril

Como el humo serpentea en el aire y juega en el espacio secreto del beso, los pasos de aquellas mujeres fugitivas llegaron despacio a mis días.
Ellas me enseñaron a amar el prodigio del instante que no vuelve y a desechar soledades de acero.
En la cadencia de sus pasos aprendí a alejarme de catecismos y decálogos, de enciclopedias de sabiduría ajena que en nada se parecían a nuestras vidas.
El mar, a través de sus ojos, me dejó el deseo por explorar seres que latían bajo el agua, el arte de llamar las cosas por su nombre y la importancia de visitar la locura con frecuencia para olvidarse del tiempo infructuoso dedicado a los sueños imposibles.
Ellas, fueron y seguirán siendo la ausencia inimaginable, la mano con historia sin heridas en la mía, el espejo donde recupero la serenidad perdida, la fuerza que me alienta a coger de nuevo el timón de la esperanza.
Gracias siempre por vuestro mágico mes de abril y felicidades hoy y siempre




lunes, 9 de febrero de 2015

El adiós de los pájaros

La vida llora en todas partes y
este aire, otra vez, como las olas,
conocerá el beso que habita su nombre.
Si la memoria no se escurriera entre el frío
y las rocas, yo preguntaría a esos ojos negros
qué de azar tiene el amor o la desdicha.
Quise asomarme a sus ojos maniatados
que mordían la tristeza,
a la impotencia de perderla en los jardines umbríos,
a las sombras de la niña ciega.
En su rostro un terror de despedida interminable,
la distancia justa entre su vacío y el mío.
Revoloteaban en su pelo las plumas del último pájaro herido
Y me detuve para verla dormir el último sueño.
La niña de pelo oscuro se ha ido mar adentro
como se apagan las luces en la media noche,
la boca llena de peces y las manos deshojadas.
Buscaré su sonrisa en las tardes encendidas del Cabo,
en la complicidad y la luz de los muertos
que llegan para quedarse a jugar en esta orilla
y poblar el amor al que se parecía tanto.

Publicado por Erato

domingo, 14 de diciembre de 2014

Silencios

Transcurren las horas y alargo mi mano fría hasta las estrellas.
Sé que existo porque, en la oscuridad, tiritan unos ojos que no hablan frente a la inmensidad de este silencio.
No fue casual que el silencio atrapara mi sombra. Los más apasionantes descubrimientos los hice a través del silencio. Tal vez porque es ahí, en ese espacio, en el que puedo escuchar el eco de una voz a la que ignoro entre el ruido de cada día.
No, no he muerto aún. Estoy más viva que nunca y aprendo a llorar para adentro y a perderme por senderos inexplorados.
Tal vez ya lo dije todo y se acabaron las palabras. O solo tal vez sea que nacen pájaros donde antes latían verbos ahora en desuso.
De cualquier manera, solo él y yo lo sabemos.

Publicado por Erato

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domingo, 26 de octubre de 2014

Amo...

Amo los días desordenados que me conducen a esa parte de mi que se rompe con los desahucios y la desconfianza.
Amo esta luz y estas olas que me reconcilian con la vida de verdad en la que aún me queda tanto que bucear.
Amo las confesiones que se convierten en susurro entre aguaceros imprevistos, la canción que oigo una y otra vez de forma inesperada y que ya asocio a esta arena antes de pisarla por mi misma.
Amo este envejecer de la tarde con la sabiduría de los corazones que no saben rendirse nunca, con la arruga en mi piel que se multiplica a cada instante y a la que me asomo para seguir reconociéndome.
A veces, tal vez, solo sé escribir un verbo o vislumbrar entre la niebla un nombre que parpadea a lo lejos en el faro de la esperanza, cuyos mensajes no siempre sé descifrar y me atraen con olor salvaje de luna creciente.
Amo esta secreta costumbre de inventar besos con mi lengua y olvidar por un instante el temblor de esta tierra convulsa y masacrada por la avaricia de unos pocos y el dolor infinito de tantos muchos, aunque no siempre lo consiga.
Amo este acantilado de locura y vértigo del que me descuelgo en la madrugada para seguir creyendo en los sueños sin dejar de mirar el camino recorrido y mis pies bien pegados a la tierra.
Este vivir así, tan de este modo, tan distinto y tan igual al de todos...
Publicado por Erato



                                                            Imagen tomada de Devianart